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miércoles, 22 de julio de 2026

Quinto festejo de la Feria de Santiago de Santander 2026

 


Quinto festejo de la Feria de Santiago de Santander 2026: ‘No hay billetes’ pero la decepción fue palpable


La plaza de toros de Santander vivió el 22 de julio de 2026 un lleno absoluto, con el cartel colgando el rótulo de “No hay billetes” en el quinto festejo de la Feria de Santiago. La expectación era máxima ante la



combinación de toros de Puerto de San Lorenzo y Ventana del Puerto, dos encastes con solera y acostumbrados a brindar espectáculo. Sin embargo, la ilusión quedó algo deslucida por la pobre presentación de los astados, factor que terminó por desencantar a un público exigente y cabreado, que esperaba una corrida acorde a la importancia del festejo y la tradición taurina.


El maestro Morante de la Puebla abrió la tarde con una actuación que combinó momentos de buen toreo aunque se topó con un toro falto de fuerzas y de presencia, lo que le condenó al silencio en su primero y solo a una ovación tras aviso en el segundo. Por su parte, Juan Ortega logró arrancar una oreja con oficio en su primero, mientras que en su segundo el silencio fue el veredicto final. Víctor Hernández, siempre entregado, cortó una oreja tras aviso en su primero y cerró la tarde con una ovación tras aviso, mostrando un compromiso encomiable a pesar de las dificultades impuestas por los toros.



La deficiente presentación de los toros no pasó inadvertida, y aunque la calidad del toreo fue reseñable, la satisfacción general quedó empañada. El respeto y el cuidado hacia el toro, pilar fundamental en la fiesta, deben ser prioridad para garantizar que el público vuelva a emocionarse con cada pase y que la Feria de Santiago mantenga su prestigio intacto en futuras ediciones.


Ficha del festejo;


Plaza de toros de Santander.

Quinto festejo de la Feria de Santiago 2026. 

Lleno de "No hay billetes". 

Toros de Puerto de San Lorenzo y Ventana del Puerto. 


MORANTE DE LA PUEBLA, silencio y ovación tras aviso.

UAN ORTEGA, oreja y silencio.

VÍCTOR HERNÁNDEZ, oreja tras aviso y ovación tras aviso.

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Gracias, toroperu com.

 Morante de la Puebla ante el cuarto de la tarde.

 Víctor Hernández ante el sexto de la tarde.

Juan Ortega gusta y cala en Santander.


sábado, 11 de julio de 2026

Máxima expectación: Feria de Julio de Valencia, en directo y de forma totalmente gratuita.

 


Tres tardes de máxima expectación: Feria de Julio de Valencia, en directo y de forma totalmente gratuita.

La televisión autonómica valenciana À Punt retransmitirá gratis, en directo y en abierto tres festejos de la Feria de Julio 2026 desde la Plaza de Toros de Valencia. Esta cobertura especial forma parte de su apuesta por recuperar las emisiones taurinas en la televisión pública regional.

Calendario y Carteles de las Retransmisiones;

Todas las emisiones comenzarán a las 19:00 horas:

Jueves, 16 de julio (Corrida Mixta): Toros de José Enrique Fraile de Valdefresno para Román y Nek Romero, junto a novillos de Montalvo para la novillera Olga Casado.

Sábado, 18 de julio (Corrida de Toros): Astados de El Torero para los diestros Diego Urdiales, Daniel Luque y Samuel Navalón.

Domingo, 19 de julio (Novillada con picadores): Utreros de Talavante para los jóvenes Álvaro Serrano, Julio Norte y Marco Polope.

Equipo de Transmisión;

Las narraciones en la pantalla de À Punt estarán lideradas por el periodista Jorge Casals, conductor del espacio sectorial La Plaça, quien contará con los comentarios y el análisis técnico del matador valenciano Manolo Carrión.

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Gracias, toroperu com.



martes, 9 de junio de 2026

Jorge Martínez con una gran faena y una tarde resolutiva de Marco Pérez en Murcia

 




Jorge Martínez con una gran faena y una tarde resolutiva de Marco Pérez en Murcia



La corrida de toros celebrada el 9 de junio de 2026 con motivo del Día de la Región de Murcia se vivió en un ambiente excepcional, con los tendidos repletos y una gran expectación. La jornada taurina estuvo marcada por la impresionante faena del torero murciano Jorge Martínez al quinto toro, una actuación que destacó no por el paisanaje, sino por la elegancia y solemnidad de su toreo, realizado con un trazo impecable y emocionante.

Jorge Martínez firmó una de las actuaciones más memorables de la tarde, entregando una faena de una belleza y profundidad únicas, que emocionó a los aficionados y trajo consigo el corte de una merecida oreja. Su dominio de la lidia y la pureza de sus pases evidenciaron el nivel artístico y técnico que posee, consolidándole como uno de los referentes del toreo en la región.



Por su parte, Marco Pérez también fue protagonista en la corrida, saliendo en hombros tras mostrar una gran solvencia con el sexto toro. Su lidia, llena de temple y seguridad,


fue correspondida con una oreja que reflejó su buen momento y capacidad para manejar toros de raza y fondo. Su desempeño fue fundamental para el éxito global del festejo.


Borja Jiménez completó el cartel con una faena maciza y rotunda al primero de la tarde, demostrando estar muy por encima de su lote. Sin embargo, la falta de acierto con la espada le privó de abrir la Puerta Grande, algo que sin duda podría haber logrado dada la calidad de su actuación y el encomiable esfuerzo mostrado.



En definitiva, esta corrida del Día de la Región de Murcia 2026 quedará en la memoria como un festejo de gran nivel, donde la técnica, el arte y la emoción en los ruedos se unieron para ofrecer un espectáculo inolvidable para todos los asistentes.


Ficha del festejo;

Corrida de toros con motivo del Día de la Región de Murcia.

Plaza de toros de Sutullena (Lorca).

Tres cuartos de entrada. 

Toros de Moreno Pérez-Tabernero.


BORJA JIMÉNEZ, silencio y ovación.

JORGE MARTÍNEZ, ovación y dos orejas.

MARCO PÉREZ, oreja y oreja.

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Gracias, Toroperu com.




jueves, 28 de mayo de 2026

Puerta grande para Diego Urdiales y gran faena de Roca Rey en Las ventas


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid – 28 de mayo de 2026  Feria de San Isidro

La tarde en Las Ventas se presentó con un cartel que prometía emociones fuertes, y aunque hubo momentos destacados, el desarrollo general dejó sensaciones encontradas en los aficionados.


Bruno Aloi abrió la tarde fiel a su concepto. Su faena fue encajada y medida, manteniendo siempre la serenidad, pero sin que el trasteo alcanzara momentos de intensidad o clímax mayores. Su labor, aunque correcta, no logró calar del todo en los tendidos. La estocada baja al segundo intento y una serie de pinchazos marcaron su actuación, que concluyó con silencio.



Diego Urdiales demostró por qué es un torero muy respetado. Presentó muletazos sueltos de gran calidad y estilo, aunque la faena nunca terminó de sobrepasar la frontera hacia una dimensión más memorable. Sin embargo, la ejecución de una gran estocada, de premio por sí sola, le valió la concesión de una oreja.


El tercer toro, ‘PERDIGONERO’ nº 108, negro listón de 583 kilos, nacido en diciembre de 2020, mostró poca fuerza. Después de varas, fue quitado por Roca Rey mediante unas gaoneras de mérito. El tercio de banderillas resultó bueno, y Roca Rey brindó esta faena al Rey Felipe VI. Andrés comenzó con

estatuarios muy firmes, pero el ejemplar no tuvo movilidad ni humillación, lo que limitó la faena a la capacidad del torero. A pesar de ello, el peruano dejó una estocada efectiva; sin embargo, el público guardó silencio.


El cuarto toro permitió a Diego Urdiales desplegar un toreo fluido, ligando muletazos de gran factura. La calidad del toro se manifestó cada vez que hubo espacios entre las series. Sobresalieron los lances por el pitón derecho. Con una buena estocada, Urdiales obtuvo otra oreja y la vuelta al ruedo del toro en señal de reconocimiento a su nobleza.



‘SECUESTRADOR’, quinto de la tarde, colorado y de 544 kilos, embistió recto pero sin entrega. Roca Rey realizó una elegante y mandona media verónica en el saludo y brindó al público. Inició su faena de muleta de rodillas, cambiándose por la espalda en


varias ocasiones frente al toro. La labor creció en intensidad y mando, con series de mano baja que tiraron de la embestida y mostraron gran poder. Arrolló en la suerte suprema, tras un primer intento fallido con la espada doblada, logrando una estocada fulminante al segundo intento y merecida oreja.



Para cerrar la tarde, Bruno Aloi brindó su labor a Isabel Díaz Ayuso y arrancó por estatuarios muy ceñidos. El toro de Juan Pedro Domecq embistió con clase y emoción, pero la falta de transmisión hacia el público condicionó la faena. Tras una estocada trasera al segundo intento, el silencio reinó al finalizar su actuación.


Su Majestad el Rey Felipe VI presidió la corrida desde la barrera del Tendido 9, acompañado por Victorino Martín y María Rey, presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid, reafirmando así el apoyo institucional a la Fiesta Nacional durante esta Feria de San Isidro.

En definitiva, una tarde donde hubo momentos para aplausos y también para reflexión, con actuaciones destacadas, pero sin faenas que lograran emocionar plenamente al público.


Ficha del festejo;

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid

Decimoctavo de la Feria de San Isidro 2026. 

Corrida de la Prensa. 

Lleno de ‘No hay billetes’. 

Toros de Juan Pedro Domecq.


DIEGO URDIALES, de azul pavo y oro: Oreja y oreja.

ANDRÉS ROCA REY, de berenjena y oro: Silencio tras aviso y oreja.

BRUNO ALOI -confirmación-, de blanco y oro: Silencio y silencio tras aviso.

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Gracias, Toroperu com.

https://toroperu.weebly.com/




miércoles, 3 de diciembre de 2025

Francisco Manuel Ojeda Gonzáles 'Paco Ojeda' reapareció en Lima con la presencia del Rey Juan Carlos de España en la Plaza de Acho.

 


Paco Ojeda, Lima 25 de noviembre de 2001


Reaparecía en la plaza de toros de Acho lidiando toros de Fernando De La Mora. Alternó con Rafael Gastañeta y “’El Juli”. En una tarde que contó con la presencia del rey Juan Carlos I y el Premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa.

La reaparición de Paco Ojeda asistía por primera vez a una corrida de toros en América y a quien la afición limeña recibió con una ovación de gala. Don Juan Carlos, que se encuentraba en tierras peruanas con motivo de la XI Cumbre Iberoamericana, estuvo acompañado por el escritor peruano Mario Vargas Llosa, el ministro de Asuntos Exteriores español, Josep Piqué, y el presidente de Colombia, Andrés Pastrana.


Paco Ojeda, que vistió un terno azul marino y oro, no defraudó en su paso por el coso limeño, aunque la espada le impidió conseguir trofeos. Su primer toro, de nombre Poblano y con 568 kilos, lo brindó al Rey don Juan Carlos e hizo una templada y ligada faena, sin olvidar la quietud y el



personalísimo toreo que lo caracterizaba, ligando en un palmo de terreno y mandando. Tenía las dos orejas aseguradas, pero falló con los aceros. En su segundo, decidió abreviar por las complicaciones de su enemigo.


https://www.facebook.com/reel/1357878821974048


jueves, 25 de septiembre de 2025

Quien es y por que existe el antitaurino

 


Un antitaurino se define como una persona u organización que se opone a la tauromaquia (la práctica de las corridas de toros) por considerarla un acto de crueldad y maltrato animal.


Desde que me hice taurino, mi vida dio un giro significativo. Recuerdo aquel día en la Plaza de Acho, observando a mi padre en medio de la emoción, donde las papas queman y los toros cojen. En ese momento, comprendí que ser taurino corría por mis venas, era parte de mi ADN, como lo es para muchos que viven y defienden esta tradición.


Los antitaurinos suelen lamentarse por la muerte del toro, compadeciéndose de su destino. Sin embargo, se olvidan de la realidad que les rodea. Por cada toro que se sacrifica en España, hay un alarmante número de abortos; y en Colombia, la cifra es aún más impactante. Me pregunto dónde están esos antitaurinos cuando se habla de vidas humanas. No les importa la muerte del toro; lo que verdaderamente les molesta son los valores que se encarnan en una plaza de toros.



La valentía de enfrentarse al toro, la lealtad a los principios de la tauromaquia y la entrega desinteresada son valores que se viven en cada faena. Los antitaurinos, en cambio, no son valientes, son cobardes; no son leales, son desleales; y su entrega está llena de cálculo y manipulación.

En resumen, el antitaurino no quiere ver que el ser humano puede ser mejor de lo que representa. Su rechazo a la tauromaquia revela más sobre ellos que sobre nosotros. Ser taurino es, sin duda, una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida.


Ergo no es muerte del toro lo que les importa, les importa un pimiento, la muerte del toro a los antitaurinos, sabes lo que les fastidia, los valores que se encarnan en una plaza de toro, Antonini, cuáles son, valentía, te pones delante del toro, lealtad, no rompes con los principios de la tauromaquia y entrega, eres capaz de dar tu vida, los antitaurinos son valientes, no. Por cada toro que se mata en España y 300 cabezas de bobino que se sacrifican en un matadero y no veo a ningún antitaurino en un matadero ergo no es muerte del toro lo que les importa,

les importa un pepino, la muerte del toro a los antitaurinos.


Sabes lo que les fastidia, los valores que se encarnan en una plaza de toros, Antonini, cuáles son,  valentía te pones delante del toro, lealtad, no rompes con los principios de la tauromaquia y entrega, eres capaz de dar tu vida. 

Los antitaurinos son valientes? no, son cobardes, son leales? no, son desleales, son entregados? no, son calculadores. 

Por lo tanto, ¨El Antitaurino¨ es una Persona Cobarde, Desleal y Calculadora. 



Le duele ver que el ser humano es mejor de lo que el representa. 


Esos son los antitaurinos





sábado, 8 de marzo de 2025

Historia de la Tauromaquia en el Perú

 


HISTORIA DE LAS CORRIDAS DE TOROS EN EL PERU

Hay que reconocer que las corridas de toros no es una tradición heredada del antiguo Imperio de los Incas, porque éstas se remontan desde los primeros años de la llegada de los conquistadores españoles a América, y por supuesto el ganado bovino fue traído por los colonos tras su llegada al Perú, éste ganado sirvió primero para alimentación de la población hispana y luego cuando se expandió por los campos se pudo seleccionar el ganado bravo. 

El escritor peruano Ricardo Palma en su libro “Tradiciones Peruanas” manifiesta que la primera corrida lidiada en Lima fue en 1538 en celebridad de la derrota de los Almagristas, de lo cual no hay una fuente de datos fidedigna, y la otra en cambio es que la primera corrida se dio el lunes 29 de marzo de 1540 por la consagración de óleos, de la cual también se da cuenta en libros narrativos e históricos del clero.

Los conquistadores españoles Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernando de Luque pisaron por primera vez tierra del vastísimo imperio, desembarcando efectuado en el norte del Perú a principios de 1532. Aprovechó Francisco Pizarro para sus fines de conquista, la lucha que sostenían los dos soberanos Huáscar y Atahualpa, hijos y herederos ambos del fallecido Inca Huayna Cápac. Muertos los dos reyes Incas avanzó Pizarro hacia la capital del


Imperio Incaico en el Cuzco, consolidando poco después la conquista española.

Desde el primer momento surgieron desavenencias entre los capitanes españoles Pizarro, Almagro, Hernando, Juan y Gonzalo Pizarro, y Francisco de Carvajal. Duró este sombrío período de conquista hasta que poco a poco, y por unas causas u otras fueron muriendo los protagonistas del drama. En circunstancias tan adversas era normal que la fiesta española no enraizara como sucedió, ya que todo lo hicieron por el avasallamiento. Existieron muchas corridas de toros y de todo ello dio fe el escritor Inca Garcilaso de la Vega en sus crónicas de la famosa obra “Los Comentarios Reales”. Las corridas de toros debieron ser mínimas en los primeros años, pero después con el desarrollo ganadero fueron incrementándose.

Las constantes guerras entre los conquistadores concluyeron en el año del 1556, con la llegada del tercer Virrey don Andrés Hurtado de Mendoza, de quien se dice que fue un hombre prudente pero enérgico a la vez, por lo que pronto consiguió pacificar el virreinato condenando a unos, enviando a otros a España, en algunos casos embarcó en la dudosa aventura a “El Dorado” a los más ambiciosos. Era “El Dorado” el nombre que se le daba por aquellos años a una región en la Amazonía del Virreinato, la misma que cautivaba a ambiciosos que anhelaban riquezas, o aquellos revoltosos e inquietos españoles que restaban unidad a la corona española. El virrey Hurtado de Mendoza consignó estos hechos y fue fundamental para el establecimiento definitivo de las fiestas con corridas de los toros. El citado virrey escribió lo siguiente: “Los derechos que el Alguacil Mayor de esta ciudad había de llevar por la ocupación y trabajo las tendrá cuando se corran toros ..... y suplicamos ahora a Su Excelencia que de los toros que en esta ciudad corriesen en las fiestas ........ que el primer toro que se corriera de cada una de las dichas fiestas, sea y se dé al Alguacil Mayor de esta ciudad, atento a que él y sus alguaciles se ocupen mucho en el hacer y deshacer y guardar las talanqueras ......”, este texto figura en el libro “Historia Taurina del Perú” de José Emilio Calmell, publicado a mediados del siglo pasado. El Convictorio de San Carlos y la Facultad de San Fernando, actualmente esta facultad pertenece a la prestigiosa Universidad Nacional Mayor de San Marcos, obligaba en aquella época a que sus alumnos que se doctoraban (ósea obtenían la graduación profesional), tenían que costear una corrida de toros como agradecimiento a la corona española por su educación. Así se expresaba en su constitución: “Y más ha de ser obligado el que se doctorase a dar toros que se corran aquel día del grado en la plaza pública de esta ciudad”.

En la Plaza mayor de Lima el 27 de julio de 1622 se dio una corrida de toros para agasajar al nuevo virrey don Diego Fernández de Córdoba, Marqués de Guadalcázar. Y en septiembre del mismo año volvieron a correrse toros: “Se hicieron fiestas reales de toros y cañas, y se convidó al Virrey, Audiencia y Universidad para que las viesen en las casas de Cabildo, cuyas galerías estuvieron ricamente colgadas y se dio colación a todos sus concurrentes y sus mujeres. Salieron a caballo muchos caballeros ricamente vestidos a lo cortesano, con rejones en mano y llevando pajes de librea... En las ventanas, balcones, terrados y tablados de la plaza había gran concurso de gente y se jugaron veinte toros; los caballeros hicieron algunos lances y mostraron su bizarría”. En la época del mandato del Virrey Marqués de Guadalcázar se celebraban las fiestas más suntuosas que acaso se celebraron en Lima hasta entonces. Fue el motivo el regocijo por el nacimiento del príncipe Baltasar Carlos. La organización corrió a cargo de los gremios de la ciudad (confiteros, pulperos, sastres, zapateros, orfebres, herreros y comerciantes), que procuraron excederse en el rumbo y el acierto, pues a cada uno se le asignó un día de los siete que duraron las corridas. Comenzaron los confiteros y siguieron los pulperos, los sastres, los zapateros, los plateros, los herreros y los mercaderes. Por cierto, que en ellas tomó parte, y muy brillante, el tratadista taurino don Juan de Valencia que a la sazón se encontraba en el Perú, dejó bien sentado la cátedra de tauromaquia que practicaba con destreza, lo mismo que escribía en sus preceptos y ordenanzas. Su mayor éxito lo obtuvo en la última corrida, es decir, la de los mercaderes, en la que se hartó de hacer buenas suertes con los toros.

Será el nombre de Juan de Valencia


quien seguramente inicie la historia taurina del Perú, porque debemos considerarle como el primer torero famoso que viajó del Perú a España, pues en las fiestas taurinas de la Corte éste diestro acreditó su competencia, siendo de los más famosos rejoneadores entre los nacidos entonces. Juan de Valencia había nacido en Lima en 1605 y pertenecía a una ilustre familia zamorana que presumía de linaje real, como descendientes del famoso infante don Juan Manuel. Razón por la que le llamarón “Juan de Valencia el del infante”. Nació el año de 1605, mismo año en el que nació Felipe IV quien fue autor de las “Reglas para torear y para poderlo errar”, pues don Juan como tantos autores de reglas de torear, unía la preceptiva a la práctica del rejoneo, toreó en la ‘Puerta del Sol’ en Madrid el miércoles 2 de octubre de 1641 con motivo de la Traslación de la imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso. Escribió en su obra firmada en Madrid el 26 de octubre de 1639, habitar en la Villa y Corte a partir de los catorce años de edad.

Es imposible hablar de cuantas fiestas de toros se verificaron en la ciudad de Lima durante el virreinato. Sólo nos referiremos a las más importantes o a las que, desde el punto de vista taurómaco, hayan tenido alguna significación.

Durante los años 1659 y 1660 se realizaron diez “Corridas Reales”, que fueron corridas de toros por el nacimiento del príncipe Felipe, hijo del Rey Felipe IV. Como en España esas fiestas resultaban animadas y variadas, el virrey Conde de Alba de Liste, jugaba cañas; interviniendo caballeros rejoneadores; hubieron alcancías, fuegos, luminarias, pilas de vino, toros con artificio de fuego por la noche; lucha de moros y cristianos; lanzadas, volatín en una maroma; moharras, toro ensillado, máscara ridícula y figuras alusivas a diversos temas. En la última corrida con motivo del alumbramiento real, se echó un toro para los indios, montaron éstos en la plaza un castillo, al que rindieron tras un simulacro de lucha, y por último salieron dos indios a garrochar a los toros.

En años posteriores se verificaron corridas de toros: el 15 de noviembre de 1667, con ocasión de la llegada del Virrey Conde de Lemos, al puerto del Callao, celebrándose una corrida en esta ciudad porteña el 24 de julio de 1668. Después otra en Lima por el nacimiento de un hijo de éste Virrey en la que se corrieron toros ensogados. El mismo virrey Conde de Lemos escribió la relación a las fiestas celebradas en la llamada Ciudad de los Reyes, que con ocasión de haber sido beatificada Rosa de Lima, ésta fue una de las siete corridas de toros que se dieron por aquellos años.

No todos los virreyes fueron amantes de las corridas. Tal fue el caso del Conde de Chinchón que en determinado momento trató de impedir la celebración de las corridas de toros, lo que dio lugar a que durante el virreinato del Marqués de Mancera, Su Majestad el Rey Felipe IV dictara una Real Cédula a favor de la celebración de las corridas de toros.

Por varios años las fiestas de toros se verificaron en la Plaza Mayor de Lima, cerrándose con talanqueras, tablados y barreras, en todo el contorno interior de dicha plaza, con lo que quedaban tapadas las ocho calles que de ella partían. Durante el gobierno del cuarto Virrey (1561-1564), don Diego López de Zúñiga, Conde de Nieva, se construyeron los arcos de esta plaza y se determinó que fueran anualmente cuatro las principales fiestas de toros, autorizando un gasto en colación de ciento cincuenta pesos para cada una de ellas. Habían de darse las corridas en: Pascua de Reyes, San Juan, Apóstol Santiago y Nuestra Señora de la Ascensión. Además, solían celebrarse corridas a la llegada de nuevo virrey, juramentación u conmemoración de monarcas, canonizaciones y con otros pretextos. Para las corridas de menos importancia o menos suntuosas, se habilitaban plazas o plazuelas que no eran la Mayor (o llamada la de Armas), entre las que figuraban: plazoleta de Santa Ana, plaza de la Inquisición, plazoleta del Cercado, plazuela de Cocharcas, plazoleta de Santo Domingo, etc.

Las fiestas de toros no entusiasmaban solamente en el Perú a los españoles, si no que al parecer, también los esclavos negros e indios dominados, gustaban de esta corridas, inicialmente como pasivos espectadores, y luego también como activos toreadores. En un concilio provincial, los prelados pidieron “que no se corran toros entre indios, ni por semejante ocasión les hagan poner las talanqueras sin pagarles, y haciéndoles perder la misa en día de fiesta ...”, según se describe en uno de los libros del cabildo de esa época que se guarda celosamente en la biblioteca de la Municipalidad de Lima.

En todo el siglo XVII son numerosísimas las fiestas de toros, pues la pasión no había disminuido, abundando mucho más los datos históricos. Fue en 1602 los dominicos organizan en la plazoleta de Santo Domingo una suntuosa corrida como término de los festejos con motivo de la canonización de San Raimundo de Peñafort. En ella tomaron parte muchos caballeros de la aristocracia limeña. El 8 de enero de 1670 hubo corrida de toros y cañas en Lima. El 27 del mismo mes cuatro caballeros clavaron rejones: don Luis de Sandoval dio un rejonazo, sacando malherido el caballo; don Manuel de Andrade puso dos rejones, despedazando al toro; don Diego Manrique atravesó el cuello del toro con un rejón, y don Cristóbal de Llanos mató tres astados, por lo que fue vitoreados.

El 13 de febrero de 1672 se corren toros ensogados; el 11 y 13 de agosto de 1674 se celebraron corridas en el puerto del Callao a la llegada del Virrey don Baltasar de la Cueva; el 6 de noviembre del mismo año, en celebración del cumpleaños de Carlos II, se organiza una corrida de toros en la Plaza Mayor de Lima. En 1682 el Virrey Duque de la Palata prohíbe “llevar toros a las cercas y plazuelas de los conventos de religiosas para correrlos”. El día 8 de diciembre de 1963 don Melchor Portocarrero, Conde de la Monclova y vigésimo tercer virrey del Perú, organiza una gran corrida en la Plaza Mayor de Lima para celebrar la reedificación del Cabildo, del Palacio y de los Portales de dicha Plaza Mayor, destruidos por el terremoto de 1687.

Ya con la llega del nuevo siglo la fiesta de toros en el Perú comenzó a tener un aspecto más formal, evolucionando hacia el predominio del torero de a pie, pues actuaron con mayor regularidad toreros profesionales, se dio comienzo a la edición de listines de los toros que saldrán en cada corrida, y los capeadores de a caballo, un modo de torear peculiar de éste lado del Reino de España, trabajaron en casi todas las funciones, sin olvidar a los rejoneadores profesionales que también figuran.

En octubre de 1701 se verificaron en Lima fastuosas fiestas de toros para celebrar la proclamación de Felipe V, en la primera de ellas aparece el primer listín o lista de los toros, antecedente del cartel, en el que se consignan los nombres de los astados, las pintas de éstos y las ganaderías de las cuales procedían, como ejemplo: “El Gallardete, overo, de Huando; El Invencible, retinto, de Bujama; y otros...”. Por el nacimiento del Príncipe de Asturias Luis Felipe, después Luis I, hubo en Lima Fiestas Reales con corridas de toros. Con motivo de sus bodas también se celebraron varias corridas: “la primera el 12 de abril, la segunda el 13, la tercera el 17 de abril, la cuarta el 19 de abril, la quinta el 21 de abril, de igual mes del año de gracia de 1723”. Y aún cuando en la relación titulada “Júbilos de Lima”, de Peralta y Barnuevo, las crónicas de ese entonces no aclaran demasiado, pareciera ser que hubieron más corridas de toros de esas cinco a las que se ha aludido. Y al año siguiente, también se corrieron toros por haber jurado don Luis como heredero de la Corona de España. Por aquellos años se festejaron con corridas dos canonizaciones: la de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo el 10 de diciembre de 1726 y la de San Francisco Solano el 27 de diciembre de 1726.

El 29 de julio de 1737 se jugaron veintidós toros en el pueblo de Surco (actualmente distrito de Lima Metropolitana). Al concluir el primer tercio del siglo XVIII eran abundantes los toreros que ejercían en el Perú esta profesión, actuando principalmente en corridas ordinarias y hasta en los pueblos más pequeños, aún cuando en las listas de toros, donde ya figuraban por esa época las divisas de las ganaderías, no aparecen, sin embargo los nombres de aquellos lidiadores empiezan a parecer en los listines taurinos. En el año de 1756 se levantó en Lima la primera plaza de toros, pero su construcción fue de madera, los productos de las corridas en ella verificadas estaban destinados a la reconstrucción del Hospital de San Lázaro destruido por el terremoto de 1746, plaza que había de ser también la primera en América hecha ex profesamente.

En la Plaza Mayor de Lima, y en 1760, se celebra una real fiesta de toros para festejar la elevación al trono de Carlos III. Dos años después en igual escenario, se organizan cuatro corridas como agasajo al nuevo Virrey don Manuel de Amat y Juniet quien fuera amante de la famosa Micaela Villegas “Miquita” ó más conocida como “La Perricholi”, de quien del virrey se enamoró perdidamente.

Durante el mandato de este virrey


se construyó la plaza firme de Lima, estrenada aún sin concluir el 30 de enero de 1766. No por ello dejaron de jugarse toros en la Plaza Mayor, especialmente cuando se trataba de fiestas reales, y en diversas plazuelas, hasta en el teatro. Los limeños se sentaban en la plaza a las diez de la mañana para presenciar el encierro y no se levantaban hasta verlos lidiados, por la tarde, los veinte toros de que solía constar las corridas de aquella época, como en Sevilla, Valencia, Madrid o en cualquier ciudad española. En la temporada de 1780 ya figuraban en la Plaza de Toros de Lima o “Plaza de Acho” los nombres de los lidiadores siguientes:

Matadores: Manuel Romero, El Jerezano, y Antonio López, de Medina Sidonia.

Picadores y Rejoneadores: José Padilla, Faustino Estacio, José Ramón y Prudencio Rosales.

Capeadores de a caballo: José Lagos, Toribio Mújica, Alejo Pacheco y Bernardino Landaburu.

Tres suertes al menos eran privativas del toreo peruano del siglo XVIII, éstas eran: la suerte del puñal, la monta de toros al pelo y/o ensillados; y el capeo desde el caballo.

Por la exaltación al trono de Carlos IV se celebraron corridas de toros en la Plaza Mayor de Lima, como capital del Virreinato del Perú, y durante el año de 1790, varias corridas reales. En ellas intervinieron rejoneadores profesionales, capeadores, doce toreros de a pie (cuyos nombres no se consignan en el listín), dos desjarretadores. Las últimas corridas del siglo XVIII fueron: cinco fiestas reales en 1791 para agasajar al Virrey Fray Francisco Gil de Taboada, en la Plaza Mayor de Lima, con rejoneadores, capeadores y doce toreadores divididos en dos cuadrillas: una de las cuadrillas fue la de Miguel Utrilla y la otra la del peruano José Pizi. Las temporadas de 1792 a 1795 se desarrollaron normalmente en la Plaza de Acho. Al siguiente año de 1796 hubo cinco corridas reales en la Plaza Mayor de Lima para recibir al nuevo Virrey Marqués de Osorno, en las que intervinieron capeadores de a caballo, rejoneadores y matadores, banderilleros y picadores europeos, y doce toreadores del país, cuyos nombres no figuran en el cartel.

Tres corridas extraordinarias más fueron las que presenciaron los limeños en su Plaza Mayor (o también llamada Plaza de Armas) el año de 1797, organizadas para reunir recursos con que terminar las torres de la catedral. Ese mismo año la temporada continuó normalmente en la Plaza de Acho, donde desde algunos años atrás se acostumbraba echar un toro para ser lidiado por aficionados bisoños, algunos de los cuales se harían toreros profesionales.

El siglo XIX comenzó en la Plaza de Acho con la consabida temporada de diciembre a enero (1800 - 1801). Figuraron como toreros cuatro capeadores de a caballo, dos rejoneadores, dos banderilleros europeos, tres matadores con espada, cinco matadores con puñal y banderilleros, dos capeadores de a pie y dos desjarretadores, innominados. Siguen figurando en los programas la lanzada, parlampanes (individuos mojigangeros), perros; además el nombre, procedencia, pinta y divisa de los toros, más un astado para muchachos noveles. Las sucesivas temporadas en la Plaza de Acho se desarrollaron normalmente a lo largo de diciembre de 1806 y organizadas por el ayuntamiento limeño, efectuándose cinco corridas de toros en la Plaza Mayor de Lima para festejar el recibimiento del Virrey don José Fernando de Abascal. Cuatro corridas más, todas ellas extraordinarias, se verificaron en enero de 1807, y dos corridas extraordinarias también, los días 3 y 9 de febrero siendo estas las últimas que se efectuarían en la Plaza Mayor de Lima. En adelante se celebraron únicamente en la plaza firme de Lima (Plaza de Acho), por cierto con muy buenos rendimientos para sufragar a las necesidades económicas que las luchas por la emancipación exigían.

Proclamada la Independencia del Perú el 28 de julio de 1821 continuaron las corridas, aunque con toreros del país y algunos toreros mexicanos, haciéndose una sola excepción con el diestro gaditano Vicente Tirado, que durante el virreinato ya contaba con muchas simpatías, y que siguió actuando hasta 1836 en que fallece. Con la Independencia del Perú no quedó torero español alguno en el país, excepto Vicente Tirado. Como consecuencia de tal acontecimiento, las suertes de pica y banderillas desaparecieron temporalmente, quedando para quebrantar a los toros el capeo a caballo,


tradicional modo del toreo nacional, ejecutándose la llamada “Suerte Nacional”.

El 7 de enero de 1849 se presentó en Lima la primera cuadrilla de toreros españoles. Con esta cuadrilla resucitó en el Perú las suertes de pica y banderillas. Y a partir de ese año ya se hace más frecuente la visita de toreros hispanos. El primer matador de cierto relieve que pisa el albero de la Plaza de Toros de Acho es Gaspar Díaz “Lavi”, diestro español. Se presentó el 16 de noviembre de 1851. Y en 1856 se estrenó en Lima José Lara “Chicorro” quien actúo hasta el año de 1885. Como matador efectúo su presentación en Lima en 1859, el nacional Ángel Valdez “El Maestro”. Este valeroso diestro ejercía la profesión con el aplauso y la admiración de todos hasta el 19 de septiembre de 1909.


En 1869 se presentaron en Lima los diestros españoles Vicente García “Villaverde” y Francisco Sánchez “Frascuelo”; en 1870, Manuel Hermosilla y Francisco Díaz “Paco de Oro”. Ese mismo año se hizo empresario de la Plaza de Acho el acaudalado limeño don Manuel Miranda. Llevando a cabo en ella una profunda reforma. Mientras las obras se efectuaban, viajó a España para contratar toreros y adquirir toros. En efecto compró seis toros y doce vacas de Veragua, seis astados de Miura, seis de Colmenar, doce de Mazpule y seis de Navarra. Como tenía el propósito de fundar una ganadería brava, adquiere la finca de Cieneguilla, en el valle de Pachacámac. Traslada a ella un semental y más de cien vacas compradas a la acreditada ganadería del país “Rinconada de Mala” y otras hembras de diferentes ganaderos peruanos. Este ganado desapareció años después en la guerra sostenida entre Perú y Chile.

En el transcurso del siglo XIX las corridas sufrían una seria transformación hasta ejecutarse totalmente como en España, pues desaparecen los “capeadores de a caballo”, imponiéndose los picadores. Decir que casi todos los toreros españoles han toreado en Lima parece una exageración; sin embargo, no lo es. Desde 1871 han toreado en la Plaza de Acho entre otros famoso: Julián Casas “El Salamanquino”, Gonzalo Mora, Cúchares de Córdoba, Gerardo Caballero, Ángel Fernández “Valdemoro”, José Ponce, Ángel Pastor, Cacheta, Rebujina, José Machío, Cayetano Leal “Pepe-Hillo”; en 1891 torearon “Cuatro Dedos”, que gusta muchísimo por la maestría con que ejecuta las suertes. Al año siguiente regresó “Cuatro Dedos” al Perú llevando consigo cuatro sementales de Miura, dos de los cuales consiguió vender a los ganaderos don Vasco Fernández y a don Federico Calmet. Hasta la conclusión del siglo pisan todavía el ruedo de la Plaza de Acho algunos banderilleros y espadas españoles. Entre estos últimos: Manuel Nieto “Gorete”, José Villegas “Potoco”, José Pascual “Valenciano”, Juan Antonio Cervera, Francisco González “Faíco” y Antonio Escobar “El Boto”.


En 1901 se presentaron en Lima los diestros Francisco Bonal “Bonarillo” y “Capita”, ese mismo año llega nuevamente de España el picador “Faíco” con cuatro sementales españoles, que adquieren ganaderos peruanos. El 22 de febrero de 1902 torea Ángel Valdez “El Maestro” su penúltima corrida, pues por enfermedad no vuelve a lidiar hasta 1909, en que se retira. En la cuadrilla de Manuel Molina “Algabeño Chico” hizo su presentación en Lima un 13 de abril de 1902 el famoso piquero madrileño Manuel Martínez “Agujetas”, a quien se debe definitivamente la implantación en el Perú de la suerte de varas. Más presentaciones como las de Antonio Olmedo “Valentín” y Ángel García “Padilla”. En el año de 1903 se presentó Juan Sal “Saleri”, en 1904 “Guerrerito”, en 1905 Vicente Pastor, en 1906 “Lagartijillo”, José Machío Trigo, “Lagartijillo Chico”, en 1907 “Cocherito de Bilbao”, y en 1909 “Platerito”. Es necesario destacar que el domingo 19 de septiembre de 1909 se despidió en Lima, el matador peruano Ángel Valdez “El Maestro”


matando de una magnífica estocada un toro de seis años que no había sido picado. Contaba a la sazón setenta años de edad, no andaba muy bien de salud y cumplía cincuenta años como lidiador. Falleció el 24 de diciembre de 1911.


Los diestros que por sus actuaciones destacaron en los años siguientes fueron: Agustín García “Malla”, Rodolfo Gaona, José Ignacio Sánchez, José Gárate “Limeño”, José Gómez Ortega “Gallito” o “Joselito” y Juan Belmonte. En 1918 se jugaron por primera vez toros del cruce español de Veragua con vacas de “El Olivar”, de propiedad de don Manuel Celso Vásquez. En la temporada de 1919 –1920 toreó el diestro

José Gómez Ortega “Joselito” ó “Gallito” en varias tardes. También actúo en Acho “Chicuelo” en la temporada de 1921 – 1922. Sin embargo fue Rafael Gómez “El Gallo” quien obtuvo grandeséxitos de clamor. Marcial Lalanda (1927 – 1928) demostró cuanto valía; Antonio Cañero quedó muy bien a caballo y a pie (1929 – 1930); el venezolano Julio Mendoza

toreó entre grandes aplausos en el año de 1934, el rondeño El Niño de la Palma también gustó allá por la temporada de 1934 – 1935.

En el año de 1944 un grupo de aficionados limeños entre los que destacan Fernando Graña Elizalde, Alejandro Graña Garland, José Antonio Roca Rey deciden tomar en arriendo la Plaza de Acho a través de la Sociedad Explotadora de Acho por 20 años, con la condición puntual de remodelar la Plaza de Toros de Lima


(Plaza de Acho) aumentando su capacidad de seis mil setecientos a trece mil trescientos. Se hicieron excavaciones para ahondar el ruedo y elevar la plaza con la finalidad de dotarla de mayor capacidad. Fue en el año de 1946 que gracias a la campaña periodística del crítico taurino del diario “El Comercio” de nombre Fausto Gastañeta “Que se vaya” y también la gestión continuada de su sucesor, el también crítico taurino Manuel Solari Swayne “Zeñó Manué”, se


crea 
la importante Feria del Señor de los Milagros, que hasta la fecha existe, y que desde entonces han pasado por Lima, las principales figuras de la coletería mundial, así como también las más prestigiosas ganaderías del planeta taurino. Dando por descontado el éxito de los torero peruanos y del ganado nacional.

Fuente; Dikey Fernandez




Andres Roca Rey