Mariano Ceballos «El Indio»: Gallardía de Lima a Madrid
El 10 de noviembre de 1777, la Plaza de Madrid fue testigo de una tarde histórica. El picador cántabro Juan Gutiérrez “El Montañés” compartía cartel con dos leyendas absolutas del toreo: “Pepe-Hillo” y “Costillares”. Sin embargo, las crónicas de la época y los anales del toreo reservan un lugar de honor para un lidiador de excepción: el indio peruano Mariano Ceballos, conocido como «El Indio».
Ceballos, natural de Lima, conquistó a la afición española por su bizarría, destreza y singular gallardía ante las reses. Su estilo traía el eco de la tradición taurina de "aquellas lejanas tierras" americanas, donde practicaba suertes tan espectaculares como arriesgadas.
Hitos de una Leyenda OlvidadaInicios y Alternativa: Queda constancia de su impacto en el norte de España tras su actuación en Pamplona el 8 de julio de 1774, plaza en la que terminaría tomando la alternativa un año después, en 1775.
La hazaña de los Sanfermines (1779): Durante las fiestas de San Fermín de 1779, un toro logró escaparse del coso sembrando el pánico. Ceballos, haciendo gala de su audacia y manejo del lazo, logró ensogar y dominar al animal en la zona de la Taconera.
Inmortalizado por Goya: Su pericia fue tal que el mismísimo Francisco de Goya y Lucientes lo inmortalizó en su famosa serie de grabados La Tauromaquia, en la célebre estampa que lo muestra lidiando y matando a un toro a lomos de otro caballo.
El final de un artista: Tras una vida entregada al peligro y al aplauso del público, Mariano Ceballos encontró la muerte a principios del siglo XIX, herido de gravedad en la Plaza de Tudela.
En esta obra, el maestro aragonés capta una de las suertes más insólitas y temerarias que practicaba Ceballos: rejonear o estoquear a lomos de un caballo que no llevaba montura ni bridas (o utilizando técnicas de monta criolla que rompían con el canon rígido del toreo español de la época). Goya utiliza un juego dramático de luces y sombras (claroscuro) para resaltar la tensión del encuentro, el quiebro del caballo y la firmeza del torero peruano en el momento supremo.
2. La litografía de "Los Toros de Burdeos" (1825)
Años más tarde, ya anciano y exiliado en Francia, Goya volvió a recurrir a su memoria taurina y a la figura de Ceballos para experimentar con una técnica nueva en ese momento: la litografía. Creó una pieza magistral titulada «El famoso americano Mariano Ceballos».
En esta obra, el dinamismo es salvaje. Goya retrata al limeño realizando una de las suertes más espectaculares de la tauromaquia americana de los siglos XVIII y XIX: montar a horcajadas sobre un toro bravo mientras, al mismo tiempo, lidia y burla la embestida de otro toro. La composición es enérgica, el trazo sobre la piedra litográfica es grueso y vibrante, transmitiendo perfectamente el alboroto del público en las tablas y la asombrosa agilidad del torero.
Para los historiadores del arte y del toreo, estas piezas de Goya son la prueba definitiva del impacto cultural que supuso la llegada de los lidiadores americanos a la España de la Ilustración, aportando una frescura, una plasticidad y una temeridad que rompieron moldes.
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